Nacer madre, cada día
Nada revoluciona más la vida de una mujer como el hecho de convertirse en madre. Es un momento de profunda confusión, que no tiene que ver solo con el hecho de haber dado a luz un niño al mundo. Es una transformación que suele ocurrir poco a poco… cuando nuestro bebé llora, y corremos a levantarlo en brazos, lo besamos, y en la oscuridad de la noche, sola frente a él, cansadas, casi agotadas, pero aún con fuerzas, lo ubicamos en nuestro pecho, y cerramos los ojos y sentimos que nada más importa... en ese momento, nace una mamá… Afuera, en el mundo puede estar desatándose una guerra, pero adentro, entre nuestras cuatro paredes, nos sentimos en profunda paz.

Porque mañana, al despertarnos, volvemos a nacer madres. Una y otra vez, día tras día, tantas veces como dure esta aventura.
Hoy a casi tres años vuelvo a preguntame una y mil veces cuando fue que me converti en esta mujer que ahora soy, cuando fue que cambiaron tanto mis tiempos, mis pensamientos, mis prioridades.. Y verdaderamente no lo sé, no se si hay un momento exacto para nacer madre, no se si me convertí en una cuando me supe embaraza de Melh, cuando nació, cunado la sentí llorar por primera vez, cuando nuestros cuerpos se rozaron.. Ya no lo sé. Porque mi realidad es que nazco y re-nazco madre nuevamente cada día. Porque desde que ella llegó, ya no existe un día igual a otro. Porque la amo de una forma en que nunca ame a nadie, y porque me enseña tanto..