Mi mirada
Melh está en una etapa en la que mi mirada y mi atención significan mucho. Más que nunca. Y esa dependencia a veces me asfixia.
“Mira, mamá. Mira, mamaaaaaá!!! Mirame te dije! Me ayudas mamá? Me lo haces mamá? Solo vos mamita”
Ya es el pan de cada día.
Hay momentos en los que siento enloquecer, su demanda de atención es tan alta que las horas no me alcanzan. Porque ella necesita que vea y guie todo lo que hace, que la apruebe, la felicite y la alague constantemente. Y eso me cansa, me enoja y también me identifica.
Porque ¿No es esto lo que hacemos los adultos también?
Es cuestión de supervivencia. Necesitamos asegurarnos de que otro nos ve, de que nos van a amar y proteger, de que no nos van a abandonar.. Y eso no cambiará mucho cuando crecemos, porque me pasa a mi y sé que a muchos también.
Hija,
Los grandes también estamos eternamente en busca de esa mirada que asegure nuestra supervivencia. Que garantice que vamos a tener a otros que nos cuiden y amen. Aunque ya no dependamos de otros para vivir.
Cuando crecemos ya no decimos, ¡Mira, mamá! Ni lloramos hasta que mamá nos vea. Porque ya estamos muy grandes para eso. Pero si nos inventamos toda clase de artimañas.
Sí, nos sentimos mal, y lloramos y pataleamos, pero inventamos que es por otros motivos. Lo camuflamos de estrés y cansancio o de problemas que no queremos contar. Llamamos la atención constantemente, de las más variadas y extrañas maneras. Incluso lastimando a otros para que entonces podamos sobresalir.
Hija,
Nosotros los adultos también queremos que nos miren. Que nos feliciten, que nuestros amigos nos llamen, que venga gente a nuestra fiesta de cumpleaños. Queremos que nos digan que estamos haciendo las cosas bien, que nos pongan caritas felices y nos digan que somos los mejores padres, madres o profesionales. Solo que lo disfrazamos con Likes en Facebook, premios más sofisticados, publicaciones, ascensos y eso que llamamos éxito. Queremos que mamá, papá y la familia se sientan orgullosos de nosotros. Y si ellos no lo están buscamos a alguien que si lo haga.
Necesitamos que nos abracen, nos digan te amo y te necesito. Y sin ti no puedo vivir. No hay nadie igual a ti.
Los grandes también tenemos miedo a equivocarnos y pensar que por esto nos van a rechazar, ponernos malas notas, burlarse de nosotros, dejarnos de lado. Abandonarnos. Porque no nos gusta estar solos. Sentirnos invisibles. Eso nos duele mucho, demasiado.
Hija,
Me parece que eso es algo muy humano y normal. Hasta el momento no conozco a nadie que no le pase esto. Tal vez es inevitable. No creo que yo pueda hacer mucho para que sea diferente para ti.
Lo que sí puedo mi amor, es decirte que te amo. Que estoy aquí y que te veo. Hoy y siempre.
Contarte que en mi camino he aprendido una que otra cosa, y aunque creo que siempre estará esta eterna búsqueda de mirada, cada vez esta mirada se vuelve más interna.
Porque hija,
Esto que he aprendido es que el verdadero amor, no depende de esta mirada, ni de ese reconocimiento. Que nunca estamos realmente solos.
Yo, mamá, estoy para amarte, para acompañarte a descubrir esa luz interior. Esa mirada, esa voz, esa sabiduría que está dentro de ti y que nada depende de mi opinión. Ni de la de nadie más.
Acompañarte a redescubrir eso que tu ya sabes, mejor que yo. Que todos venimos de una luz mayor. Y que podemos relacionarnos con otros más sanamente, no desde la necesidad, sino desde el amor.
Un amor que no es lo que a veces decimos que es. Ese que confundimos con aprobación.
Hija,
Todo esto es difícil de poner en palabras, pero yo sé que tu lo comprendes amor, porque al final fuiste tu la que me ha acompañado a descubrirlo. Me has guiado. Me has dado la fuerza que necesito para ir soltando esa necesidad constante de mirada, de aprobación. Me has dejado ser yo misma, sin culpas y seguir mi intuición. Me enseñaste a quererme como soy, de corazón.
Y lo sé, seguirás buscando mi mirada, porque es inevitable. Y yo te la daré.. con todas mis contradicciones, enojos y condiciones.
Pero tienes que saber..
Que el amor es algo mucho más grande.
